
Siempre es extraño que una editorial multinacional publique la obra de un autor anarquista. Por eso hay que correr hacia la librería cuando un evento así ocurre, único y maravilloso. En Argentina, siempre pensamos en los libros de nuestras bibliotecas, en cuándo llegará el momento de pagar con la vida por sus contenidos. O en cuándo deberemos cavar en nuestros jardines para enterrar libros como este, siempre cuestionadores radicales del sistema que sustenta nuestra sociedad. La edición es horrible, hay que decirlo. Como si el editor hubiera corrido para que los dueños de la empresa no se enteraran de lo que estaba haciendo. Faltas de ortografía, errores de puntuación, y hasta inicios de capítulo que aparecen al final del anterior, debajo de las notas. Alguno le erró al enter. En este país tan fascista, un libro basado en la actividad del pueblo es una rareza. Algo para celebrar. Cuándo nuestros compatriotas pasan de pueblo a bandidos. Cuándo pasan de motores de los cambios sociales a entes vegetales que esperan su cuota del clientelismo. Un recuerdo para Kropotkin. Y a leer.






