
Una lucha, o tal vez las ganas de conocerme mejor, me llevaron a comprar este libro. La verdad es que me costó terminar de leerlo. Cada párrafo era una interpelación a mi corazón. Cada frase me transportaba a lugares que no quería ver. Estuve dos días en cama, con 39º de fiebre mientras leía este libro. Hacía años que no tomaba antibióticos, así que evidentemente algo en mi cuerpo se sensibilizó mucho. Descubrí que lo que yo tengo es distimia, y no tanto depresión. Un mal cíclico de tristeza. Dice el autor: "Creemos, junto con Kierkegaard y los demás, que la vida es absurda, caótica y breve. Sabemos que la satisfacción burguesa puede ser superficial. La complacencia es una barrera a la autenticidad o a la realización personal. La búsqueda moral nos ennoblece".


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